Derivas por el Valle de Aburra.

El rio aburra que atraviesa al valle, la cloaca.

Existe una frontera que los habitantes del Valle de Aburra tienen que atravesar constantemente, esta no es las fronteras invisibles, el nombre que le dieron al control territorial en los barrios populares de la ciudad por los hombres armados. Es la frontera que emerge constantemente con la muerte, por esto la mutación que lleva a eliminar la presencia de sus originales, los indígenas Aburraes, al Valle de la Muerte.

Ella — El valle periférico.
Las dos formas de habitar el valle de la muerte, no hay lugar en Medio.

Una separación fundamental para comprender el Valle de la Muerte, es la segregación, la separación radical que se hace en el mundo urbano de la población del valle, en un lugar segregado persiste la guerra urbana, en otro con mayor poder se encuentra la vigilancia y todos son cubiertos por el control.

La vigilancia periférica — el panoptismo.

El gobierno del valle de principios de la primera década de los 2000 comenzó todo una reforma urbana para introducir a la ciudad de Medellín en los flujos globales; flujos financieros, turistas y del mercado internacional, labor que lo que llevo a intervenir las comunas a través de grandes proyectos urbanos, y anexar los demás municipios que conforman el valle, el producto de esto es una valle fragmentado y con una proliferación de conflictos sociales que se desatan por la desigualdad y la carencia de opciones que se presentan en lo cotidiano.

El archipiélago de control.

Se instaura en la ciudad un discurso y propaganda de cambio, transformación e innovación, pero esta no viene de las necesidades que quienes han estado por fuera de la ciudadanía, suspendidos, sino por el interés inmobiliario y sector financiero de generar toda una estructura que permita la concentración de la riqueza y el sometimiento de la población mas vulnerable.

Una política racista, creada por los blancos y los mezclados que han entregado a su pueblo, y tienen en su subjetividad unas ansias de poder y dinero que los han llevado a volcarse por la fuerza contra los más angustiados y desposeídos.

Esa misma política racista que acabó con la presencia indígena en el Valle y que los llevo al confinamiento en lo que se reconoce como el lugar de fundación de la ciudad de Medellín. Ahora las violencias se llevan a cabo a los más cercanos a estas formas de concepción del territorio portadora de memorias; expandiéndose la violencia hacia las mujeres, las disidencias sexuales, negros, y la clase popular.

La desesperanza

Esta cuestión va arrojando a las personas a la calle y esto se presenta sobre todo en el centro de Medellín, cientos de personas que dan cuenta con la presencia de sus cuerpos de la desesperanza que habita el valle, también de su exposición a todas las formas de violencia. Estos que deambulan por las calles presentan a la ciudad el nivel de descomposición social y humana que se ha llegado y también marca la incapacidad de la ciudad de transformarse de una manera más acogedora, entregando a cambio un territorio dispuesto a la violencia, la opresión y a la marginalización de una población que no encuentra posibilidades de expresión y mucho de menos de organización.

La zona central del valle es el laboratorio del movimiento y encuentro de los cuerpos del valle, de allí que sea uno de los territorios de mayor intervención, esta intervención hacia el 2014 fue nombrada como un fenómeno que afecta a las ciudades latinoamericanas que es la gentrificación.

El centro urbano se torna desde este boom urbano, el boom de la memoria, la paz, en un territorio que expresa múltiples conflictos y estos se acentúan por los intereses inmobiliarios y especulativos, dejando por fuera la población que allí habita.

Así la política popular y la marginalidad son los comunes de este territorio, que no encuentran cabida en el valle, esta situación lleva a que las violencias sigan con su proliferación y el discurso de la paz del valle, sea el de la pacificación.

El valle de la muerte reproduce constantemente las violencias y están mutan de una forma casi virulenta, no se encuentran opciones que permitan un acercamiento diferente y menos ahora donde el valle ha entrado en una crisis ambiental fruto de la gran cantidad de emisiones que han llevado al valle a su calentamiento y lo tornaron un territorio toxico, donde respirar es posible.

El valle se esta ahogando en su mismo miedo y desesperanza, entre tanto las separaciones se hacen mas grandes y complicadas de enfrentar, dejando solo visible el interés del gobierno del valle de exponer su poder de forma de control y vigilancia, ademas de las violencias que son productoras y reproductoras de las desigualdades que llevaron a esta población ser una de las más violentas del mundo para principios de la década de los 90s.

Ahora el gobierno del Valle llama a transformar el Valle de Aburra en el Valle del Software, un proyecto que busca una de las intervenciones en seguridad y espacial con mayor impacto en el presente. Esta mutación que propone el gobierno de la ciudad se lleva a cabo para asegurar el control e imponer un modelo de vigilancia y de concentración de los flujos de dinero e información y personas.

Presenciamos en estos días sobre el Valle una implacable arremetida que busca en la pacificación una forma de exterminio de lo más vivo y activo del Valle, una forma de sometimiento que se ha experimentado con la presencia del mundo colonial y que se ha actualizado en el presente.

Colectivo de comunicacion, performance, y audiovisual ubicando en el valle de la muerte, medellin, colombia

Colectivo de comunicacion, performance, y audiovisual ubicando en el valle de la muerte, medellin, colombia